Por la mañana al salir de casa tropecé con un boliviano que venía en bicicleta. Pedí disculpas, él me insultó. Iba a ayudarlo con sus sobres pero seguía maldiciéndome. Me enojé y le di una patada en la espalda. Se levantó y me pegó una piña en la oreja derecha. Con ambas manos, me agarre con fuerza de las raíces de su pelo espeso, quería arrancarle el cuero cabelludo. Lo tiré al piso e intenté golpearle la cabeza contra el cordón de la vereda. En ese momento me agarraron de los brazos, eran Huguito y un policía.